Abr
10

EL MIEDO, AL MAR

Nadie murmure de soledad ahora.
A la calle todos, al campo todo el mundo,
a gritarle al llanto que el miedo ya no está.
A mirar al sol de frente, a beber el agua fresca,
al río, a la fuente, desde que amanezca.
Echad el dolor al mar, a la sima más profunda,
a los lobos del oscuro bosque, al oso del hielo blanco.
Nos van a guiar las estrellas, las blancas,
las grandes más cercanas y las más pequeñas.
Salid al mundo, a la lluvia, al barro, al sol y al tajo.
Al cansancio de las horas, al papel y al relajo.
Apretemos los dientes y las manos, y cumplamos.
Al fin, estamos vivos todavía.
Y aunque la tinta nos manche, las palabras
seguirán hablando.
Mañana volverá a nacer el día.

JSR ©

Anuncios
Mar
27

De nuevo, otra vez,

con palabras mudas me llega tu aliento.

Desnuda, tu presencia, como un extraño.

Llega, tras días de silencio,

a dar su fe de vida.

Y no sé qué decirte, ni cómo,

igual que a los quince años.

En el sueño, dormida, yace la música

que nos pone a bailar, sin apenas un susurro

en estas horas dormidas,

dormidas así todas sus notas, con un es lo que toca.

Y yo, que quiero recoger tus perlas,

la riqueza que vierten tus ojos

para regar mi tiempo, he olvidado cómo hacerlo,

viendo cómo eres esperanza que entra en silencio,

tú, mi recuerdo dulce, sin ruido apenas,

como una hoja bailando con la brisa

y tus dedos rozando mi cabello.

Luz que despiertas a mis ojos,

a los que explicas esa historia nuestra,

la vida, seca y limpia en la ciénaga del amor sin destino,

del misterio que nos atormenta.

Sabes que mi todo es tuyo, recórreme,

porque siempre te he esperado.

Que tu paso fije en mi piel, tu sello,

tu huella propia. Quédate,

para siempre y no te vayas nunca.

Nace otra vez, fuerte y dulce de nuevo.

Y crece en esta tierra tuya, que yo te regalo,

como fina arena, para que vivas siempre,

como carbono virgen de eterno destino.

 

JSR©

 

Ene
20

 RELOJ

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DÍA   

Se acaba este trocito de tránsito,

en la penumbra de las cuevas de aluminio,

las de polvo oscuro, de manchas negras

y dibujo quemado,

que con la noche recuperan su vacío.

La mente, difusa

como bruma caliente a la luz

de la farola triste del sur,

desorbita la estrella que despierta conmigo,

y la arroja al pozo de los días muertos.

Hasta nunca, no vas a volver más…

¿y qué me dejas, ahora que te acabas…?

Me dejas a la luz del minuto del encuentro,

en que busco un fin distinto,

para olvidarme de ti.

Mañana será tu hermano…  

 

JSR©

Ene
17

17

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A POR ÉL

En tanto asesinamos las horas primeras

(despertando los dolores de la noche

que llaman a mis huesos), pensamos de nuevo, otra vez

(con la sombra de duda cotidiana de un confesionario),

en el frenético ritmo que acelera el día y nos abraza,

en el segundo único de saltar al vacío, a ciegas,

para enfrentar otro día gris de fuego,

con el afán de quemar las naves vacías,

y asesinarlo otra vez…,

la espiral que nos envuelve,

que es sólo nuestra

está aquí de nuevo.

JSR ©

Ene
16

hilvanar corazon

 

SIEMPRE

 

Busqué, mientras caminaba y sorteaba el frío,

como siempre, y leí, como siempre.

No faltas nunca, esperando, maravillosa

como una viñeta mágica que cambio de color.

– Provecho. – Gracias.

Despiertas y duermes, quedamente,

la puerta del presente, para mí,

como siempre (siempre… Hermoso).

Soy tu siempre, como tú el mío,

adonde vuelvo, vida, a coser,

a hilvanar, a tejer esto nuestro,

en silencio, con gritos de letras

que danzan en mi mano, en tu mano,

para que tú compongas el manto dulce

que ha de cubrirnos, juntos.

 

JSR ©

 

 

 

Jul
10

alma

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TE ESCUCHÉ, TE SENTÍ, TE ESCRIBÍ…

 

Afán de madre, innato, de soledad privada,

íntima, generosa y oculta.

Así va tu alma, en las dudas de un día

que no es igual a ningún otro.

Soledad profunda, llena de un silencio

estruendoso, que le grita al cuerpo,

ido por los humos de la poesía en vena

que la vida le ha inyectado.

Como una arcada que quiere sacar al mundo

ese amor contenido, hermoso,

denso y cansado, que poco a poco

va consumiendo su ecuanimidad,

con un disfraz de razón inesperado.

Un respiro, en el desliz enajenado

que se permite el espíritu,

para sonreír a ese ser querido,

pequeño, que te increpa.

Y sacar el rostro al aire,

a tomar oxígeno un segundo,

para bajar de nuevo al seno

del pensamiento dulce en que hoy,

de nuevo, se imbuye cansada el alma

de ese cuerpo que parece campar solo.

Escuece ese dolor de culpa

que la acucia cuando se permite

pensar en ella por un instante.

Cuando vuela al verde del campo

en primavera, desnuda y húmeda,

en un amanecer fresco,

hasta que el sol la echa al lago,

a rehacer y llenar de nuevo ese vacío

que la vida le provoca, porque se da toda

a los amores que la cercan,

huérfana de versos soñados,

cantando al viento, mientras piensa

en la última hora que a todos nos persigue.

Pero sabe que no hay culpables,

que es la vida, sólo ella, la que escribe

los caminos por los que va a transitar,

por los que va a vivir, como todos,

en una rutina que tal vez sea

la oscura llama que la quema.

Un soldado, regresando de la batalla,

en su reposo renueva sus bríos.

Y ella, esa alma, también renueva

sus fuerzas en ese baño profundo,

límpido y gélido del vacío que siente,

del tiempo que ha invertido en todos menos en ella.

Le golpea el mundo, con sus llantos,

con sus dolores agudos, con la maldita

estructura de delirios y desidias

con que el ser humano se deshumaniza.

Se rompe, como un espejo de agua,

en gotas cortantes y llenas de sangre inocente,

de esos que ni siquiera pueden escribir

para vaciarse como ella, tu alma,

tu propia alma, que hoy llora hacia adentro

lo que no puede sacar afuera.

 

JSR ©

Jun
06

HOY, COMO AYER…

 

Este vivir como caña rota.

Vagando sin pisar el suelo.

Perdido, con los ojos vacuos

que no te ven.

 

Extraña el corazón

en el aire, tu refugio abierto,

se duelen mis huesos en silencio,

gritando un crujido sordo,

 

cuando mezo, solo, esta alma

dolorida, en la muda agonía

que me abraza el talle frío

que ya no baila contigo.

 

Yo sólo quiero estar, no irme,

buscarte en el aire, olerte

en las mañanas vacías, no huir…

 

Y es tu falta, doliendo, ella es.

Es tu aliento, cálido, que no está.

Tu silencio y tu llanto, que me matan,

porque quiero estar siempre,

 

aún como caña rota, cimbreante,

al soplo de la vida, al viento

del dolor que me das, al azar,

sólo porque es tuyo y yo te amo

y te espero hoy, como ayer…

 

JSR ©

Mar
10

frio arboles

ÚLTIMO ADIÓS

Decir adiós,

en silencio, sabiendo

que no te escuchan…,

¿o tal vez sí…?

me sabe a sueño.

Volcar en una mirada,

sobre la madera bruñida

que arropa el leve envoltorio

que te abrigaba,

el mundo de recuerdos

de sabor incierto, las risas,

aquel llanto perdido

y las miradas deslucidas

detrás de la esquina.

Se le hace agua el corazón a uno,

cuando las palabras

pierden el sentido,

cuando el adiós surge

sin doblez y no se ve

el final del camino.

El adiós, esperado,

doloroso no obstante,

e inaudito a los ojos que te vieron,

que otearon la avenida

buscando los tuyos,

esquivos,

porque siempre miraron

otros mundos.

Te has ido sin quererlo,

pero te has ido,

finalmente el dolor te pudo

y la miseria del destino,

cebándose en tu risa de siempre,

te regaló la mueca del último día.

Donde estés

vuelve a sonreír,

pues dicen que allí no duele.

JSR ©

 

Feb
17

TENGO

 

Tengo un amor dormido,

que me duele en silencio,

que seca mi sangre, sin palabras,

sin ruido.

Tengo un amor callado,

al que estorba mi atención,

al que daña mi espera y molesta

mi distancia.

Tengo un amor, un sueño vivo,

que me mata sin estar,

que me abandona al llanto

de la vida.

Pero aún lo tengo, debajo de la piel,

en cada célula palpitante

que soporta mi ser, latiendo

a cada pálpito…

Aún lo tengo,

a pesar del dolor…

 

 

JSR ©

Oct
15

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ME DUELE LA EXPERIENCIA

Me duele la experiencia,

en los ojos, en las manos.

La visión del pájaro volando,

que mi mente curiosa, vivía boquiabierta,

se antoja hoy inicua y anodina.

El tacto de la corteza del roble,

en los dedos, mostrando el dolor

de sus años a mis yemas.

Me duele la experiencia,

que me hace girar la cara a la brisa,

donde antes la mostraba, curioso,

sintiendo esa caricia pura.

Tal vez esté distraído,

como dice Facundo

y por eso me duela la experiencia.

Tal vez no deje salir

a ése que llevo dentro

y la propia experiencia

se haya convertido

en una mortaja negra,

que me oculte al mundo hoy.

Me duele la experiencia,

que adormece la inocencia

de ese niño mío, el que vive

lo que yo sólo razono,

el que ríe donde yo sólo me ofusco.

Me duele la experiencia y me agota,

me esconde a los ojos que me aman…,

y eso es lo que más duele,

y lo triste es que lo sé, porque

tengo a alguien que me lo recuerda,

siempre, en todo aquello que hace,

en aquello que me dice.

No reconozco a mi inocencia,

aunque todas las noches hablo con ella,

pues me espera en los sueños.

Allí la razón no tiene sentido,

ni lugar, ni nido, ni lecho que le espere.

Allí la experiencia no duele,

porque no existe, porque cada noche

es nueva y distinta, fresca y enigmática.

Me duele la experiencia,

cada día de mi vida razonada,

cada día en que asesino a mi inocencia

sólo relegándola al silencio,

tapándola con un manto de coherencia,

o tal vez no tanto, inadvertidamente.

Recuerdo cómo me atraían las mariposas,

las hormigas y los pájaros,

y el viento, la lluvia, la nieve

y también los otros niños.

La inocencia nunca dolió, antes bien,

era una fuente de riqueza,

la curiosidad, la risa, el deseo

desconocido del mundo que tocaba con los ojos,

que vestía mis mañanas cada día,

nunca me dolieron, como hoy

me duele la experiencia,

que vertebra las horas de mi jornada.

Y no quiero que ese dolor dañe a nadie,

que es lo que ahora hace,

porque todo está conectado, sí,

nada de lo que haga se queda conmigo,

siempre habrá alguien afectado.

Y quizá mi inocencia haga menos daño.

Tal vez venimos inocentes al mundo,

y nuestro afán debiera ser seguirlo siendo.

Si en la inocencia está la vida,

la renovación de cada día, entonces,

¿de qué sirve la experiencia si,

además, duele más cada día…?

No sé, es difícil encontrar el camino,

la senda limpia y adecuada,

para vivir sin dañar, sin sufrir,

aún cuando sea sin nada, o con muy poco.

Siempre va a haber alguien,

que me va a decir qué y cuándo hacerlo.

Y yo lo haré, como siempre,

lo mejor y más rápido que pueda.

¿Pero es eso lo que quiero…?

Me duele la experiencia, esa,

la que tal vez ya no quiero,

pero que pesa tanto…

Dejar que sentirse uno, para ser

parte de todo, de los demás y los demás de mí,

como un universo único, total,

tal vez sea lo cierto al fin…, y la cura

a este dolor que la experiencia me deja.

Ser, como dice Facundo, parte de esa luz

que inventa el turquesa del mar,

sobre el que se mece la estela del velero;

como ser átomo del aire que ayuda a volar

al pájaro que de niño me maravilló.

Es muy difícil olvidar tu propio nombre,

y vaciar el cuerpo, para moverte mejor,

del pasado que tanto te pesa,

como la experiencia, que duele ahora.

No sabemos adónde vamos al fin,

si es que vamos a alguna parte, dilema eterno,

sólo sabemos del peso del camino,

en él encontramos el azúcar y la sal,

precisos para aliñar la vida,

que no es sino el propio camino.

Me duele la experiencia, hoy,

que parece que descubro que no hay prisa,

que siendo parte del todo,

puedo empezar de nuevo.

Cada día tiene sus propios afanes,

¿a qué nos pesan los de ayer,

que son pasado viejo y olvido,

y a qué llorar por el mañana,

que habrá de venir cuando hoy sea anciano?

Me duele la experiencia

en un Carpe Diem diezmado de luz,

porque a pesar de todo,

me duele la experiencia

después de vaciarme de todo esto,

fruto de estos días de reflexión.

Se me antoja osado y hasta inconsciente,

querer deshacerse de ese dolor,

porque el mundo no le deja a uno

tanta libertad, ¿o tal vez sí…?

Aún tengo que aprenderlo del todo,

aunque así sólo adquiera más experiencia,

que es lo que me duele.

Pero va a dar igual, porque al fin,

lo que quiero es no dañar más a nadie,

de ese modo tampoco me dolerá a mí.

A lo mejor y lo aprendí al final.

Si hoy me caigo, tú me ayudas a levantarme,

y si tú desfalleces aquí está mi mano.

Y esta experiencia es de la que no duele.

Nada importa que mi ángel de la guarda,

el que nació conmigo, esté dormido,

porque tú eres hoy mi ángel y tú me bastas.

Contigo quiero empezar cada día de nuevo,

en las risas y en los llantos

y en las piedras del camino.

Y si estoy solo, igual buscaré la risa,

para que tú te rías y en ti lo haga yo.

Porque sí, si quiero recoger margaritas,

no puedo pisar las semillas y si lo hago,

me va a tocar reparar el jardín,

sólo con mis manos y con mis actos.

Sólo así dejará de doler la experiencia,

haciendo de ella algo fresco

y de buen olor.

Sólo te pido que si acaso me distraigo,

me abras la verja del jardín, para ver,

sin pisar las semillas, lo que reparo.

JSR ©